Queridas familias, gracias por habernos confiado a vuestros hijos durante estos 13 días, como despedida os compartimos un pequeño artículo que hemos escrito sobre lo que significa el Campamento para todos los que participamos en él. Os invitamos a que lo leáis con vuestros hijos y compartáis con nosotros la experiencia que han vivido los acampados.
Campamento San José, atemporal y a contracorriente
En plena era de las tecnologías, el Campamento San José mantiene su decidida apuesta de desconexión digital, convivencia y vida en plena naturaleza. Un lugar idílico para jóvenes de entre 11 y 17 años.
Imagina
comenzar un viaje hacia el corazón de la Sierra de Gredos, cruzando pueblos y
poblados, sierras y ríos, hasta llegar a Hoyos del Espino, donde empieza la
aventura. Dirección sur se atisban las imponentes montañas de Gredos, pero
antes debemos atravesar el Puente del Duque para superar un incipiente, y
helado, río Tormes, célebre en la literatura castellana. Unos centenares de
metros más adelante, nos encontramos con “El Baldío”, nuestro hogar.
Si
alguno de los lectores lo visitó hace más de un cuarto de siglo se sorprenderá
porque el tiempo prácticamente no ha pasado por él. La Garganta de la Isla
sigue bañando su verde prado y refresca las tardes del Campamento; los
centenarios pinos siguen deleitándonos con sus frescas sombras que nos permiten
bregar con el tórrido sol de julio; y el imponente pinar nos protege por el
oeste. Solo dos nuevas edificaciones desentonan con el paraje: el pequeño
porche que hace las funciones de comedor y nos da protección frente a la
lluvia, y los cuartos de baño, que sustituyeron hace dos décadas a las vetustas
letrinas del Campamento.
Pero
el Campamento no es simplemente un paraje idílico, una suerte de “sitio de mi
recreo”; es el lugar donde ocurre la magia durante 13 días, con sus agradecidas
12 noches. Tras abandonar el autobús, se encaran los escasos 300 metros de
camino que conducen a la zona de acampada. En ese trayecto se van relajando las
entumecidas caras y dedos, acostumbrados al uso de las pantallas. Para muchos,
es la primera vez que comen bajo la sombra de un pino, otros, nunca se han
sentado sobre el césped natural que nos regala la primavera ya olvidada… Esa
misma tarde, tras conocer las escasas normas que cuidan la convivencia, los
acampados se enfrentan al primer reto, porque sí, vivir en la naturaleza es una
yincana constante. Para construir un hogar se necesita tener un lugar donde
descansar, así que con más ganas que conocimientos se disponen a montar las
tiendas de campaña (sí, habéis acertado, muchas siguen siendo las naranjas que
adornaban Gredos hace más de 25 años), con la inestimable guía del kraal
(equipo de monitores). Con la caída de la temperatura, el ocaso del sol y la
tripa llena, llegará el momento del primer juego nocturno, ¡a conocer el Campamento
a oscuras! Vivir alejados de la luz artificial es un luego, pues en pocos
minutos nuestros ojos se adaptan a la noche y se dejan maravillar por el cielo
estrellado.
“Estamos
agotados”, se escucha, es hora de dormir. El silencio solamente es interrumpido
por el sonido de una piña al chocar con la lona que nos protege. Suena “La
misión”, sempiterna en las noches de Gredos. Nuestras tiendas nos abrigan y
refugian, una primera noche inolvidable para nuestros lobatos (primaria),
rangers (secundaria) y pioneros (bachillerato).
Amanece,
pero el incipiente sol no calienta lo suficiente. Con las fuerzas repuestas,
gracias al merecido descanso, nos ponemos los abrigos para afrontar la primera
mañana tras la oración en la plaza central. El primer día no suele ser fácil,
toca trabajar duro si queremos que este pequeño prado de Gredos se parezca a un
hogar. Nuestras manos se intercambian rastrillos, hachas, martillos,
escardillos y palas; otros se afanan en transportar pesadas piedras o
descomunales troncos de pino, que a la postre servirán de mástiles. Nos
convertimos, por unas horas, en expertos constructores: levantamos portadas y mástiles,
decoramos recintos y zonas de reuniones; y hasta diseñamos nuestro propio campo
de deporte. ¡Ah!, no todo va a ser trabajar, a media mañana nos dirigimos al
arroyo o la piscina natural, y por primera vez gozamos de sus gélidas aguas, el
calor aprieta y disfrutamos del refrescante baño.
Con
el hogar dispuesto, llega la diversión. Quedan más de una decena de días por
delante, toca empezar a disfrutar. Nos calzamos las botas, guardamos las
toallas, bañadores y escarpines en nuestras mochilas, embadurnamos nuestra piel
con crema solar y nos calamos la gorra; ahora sí, estamos listos. Emprendemos
el camino de salida del Campamento para atravesar el magnífico pinar que nos
rodea, cruzamos el Tormes ayudados por los monitores y afrontamos la bajada
hacia el paraíso, el fresco paraíso. Tras cruzar un imponente puente de piedra,
destrepamos hasta la Poza de las Paredes, lugar de baño por antonomasia, nutrido
por las aguas del deshielo. Es un paraje idílico para empezar a tomar contacto
con el entorno que nos rodea. Nos bañamos y volvemos a bañarnos, comemos unos
espléndidos bocadillos y emprendemos el camino de vuelta. Ha sido una jornada
memorable; otros días visitaremos las Chorreras o Valdeascas, depende del año,
no se puede descubrir todo Gredos de una tacada.
¿Describir
un día en el Campamento? Es imposible, necesitaríamos unas decenas de páginas
para contar todo lo que nuestros monitores han preparado para nosotros. Pero…
os haremos un resumen. Durante estos días haremos juego de pistas, que pondrán
a prueba nuestro ingenio; haremos pruebas de obstáculos para retar a nuestros
músculos; jugaremos en el agua y con el agua, sí, las actividades acuáticas son
las más divertidas; habrá momentos de juegos cooperativos por seisenas o
patrullas; los juegos nocturnos se llevarán la palma: el OVNI, el espeleólogo o
las luciérnagas nos fascinarán. También, realizaremos talleres (hay que
llevarse algún recuerdo), y mataremos los pocos tiempos libres jugando al
ajedrez, juegos de mesa o haciendo pulseras.
¡Esperad!
Con esto no acabamos, faltan las actividades estrella. Los lobatos nos
convertimos en jinetes y amazonas, y disfrutamos de un paseo impresionante por
los caminos, pinares y prados de la zona. Los rangers y pioneros se marchan a
subir a los pinos y a caminar sobre ellos (sujetos con sus mosquetones, no os
asustéis), el Parque de Cuerdas es diversión asegurada.
Queríamos
hablaros de Lionel Terray, un montañero francés del siglo XX, él acuñó la
frase: “Conquistadores de lo inútil”; y en eso nos convertiremos también.
Guardar en la mochila el saco, la esterilla, la ropa de abrigo y la comida se
convierte en rutina. Nos ajustamos las correas, abrochamos los cordones y nos
lanzamos a la montaña. Sí, conquistamos las más emblemáticas cimas, jugamos en
los neveros, salvamos desniveles imposibles, y hasta dormimos a los pies de
refugios reales (de la realza, obviamente). Almanzor, Morezón, La Mira, Refugio
de los Pelaos, Galana, Laguna grande… se convierten en parte imprescindible de
nuestro vocabulario. Las noches al raso son un regalo, acompañadas de historias
sobre constelaciones; vemos salir el sol por el este mientras nos tomamos el
desayuno; y, finalmente, nos encontramos todo el Campamento en la Esmeralda,
una pequeña laguna en el corazón de la Sierra de Gredos. Allí nos bañamos con
su cascada presidiendo el paisaje.
Han pasado 13 días ya, parece que fue ayer cuando llegamos. Toca desmontar todo los construido, dejar el Campamento “mejor de como lo encontramos”, y así lo hacemos. Nos vemos el próximo año.
Mil gracias a todo el equipo que ha hecho posible esta aventura de convivencia y amistad en plena naturaleza y lejos de los móviles. Es una pasada que no los echen de menos. Muy bien lo tenéis que hacer. Hasta el año que viene. A seguir disfrutando del verano.
ResponderEliminarJooo, no sé puede expresar mejor lo que es el Campamento San José. Es verdad que puede ser atemporal y a contracorriente, pero ahí está su esencia y el enganche que tiene. Saber apreciar que en las pequeñas cosas se construyen los grandes momentos que perdurarán para siempre.
ResponderEliminarQué descanséis y disfrutéis del verano que merecido lo tenéis.
Hasta el año que viene.🤗
Que bonito!! Muchas gracias a vosotros por vuestra dedicación y buen espíritu. Un abrazo fuerte
ResponderEliminarMe gustaría poder encontrar palabras para describir el campamento sin emocionarme, pero me resulta difícil.
ResponderEliminarEstar allí en algo difícil de explicar, rodeado de naturaleza y de vida, vida de nuestros acampados, que lejos de las tecnologías la explotan mucho más y la disfrutan de manera más intensa.
Es un placer formar parte de esa experiencia que, aunque pasen los años y los días pesen más la ilusión da la fuerzas suficientes para seguir adelante.
Este año he tenido la suerte de tener un grupo de monitores que en su totalidad fueron todos acampados míos y eso me ha hecho recapacitar mucho sobre lo que el campamento puede llegar a transmitir, en Gredos no sólo jugamos y hacemos actividades super divertidas, en Gredos hacemos familia y eso es lo que lo hace realmente especial.
Sabina en su canción "Peces de ciudad" (canción especial para nuestro director)decía: "Al lugar donde fuiste feliz no deberías tratar de volver" pues me permito refutar esa idea, pues tras un año de ausencia obligada no he tenido otra cosa en mente que volver a toda costa, pues allí da igual las veces que vuelvas siempre se respira vida y felicidad y eso es lo que hace especial a este campamento.
Hasta el año que viene familia de Gredos.
Gracias por dejarme compartir un año más con vosotros. Siempre es un placer volver a casa.
ResponderEliminar❤️🩹
Pd: me declaro fan nº2 del blog (ya sabéis quien es la 1ª)
Mil gracias a vosotros . Mi hijo es el primer año que va a este campamento y viene contentísimo , con ganas de repetir . Ha sido una experiencia muy enriquecedora para él y estamos seguro que no se le olvidará nada de lo que allí ha vivido estos días. Gracias
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